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héctor álvarez
castillo
Otros poemas
(Continuación 3 de Otros Poemas)
Ver: [1]
[2]
EL MAR, LA LLUVIA
Y LOS GALLOS
Qué ganas de correr tienen mis piernas,
El gallo cantará una, dos, tres veces,
Y el lluvioso mar
Esperará en estas noches las lluvias,
Y esperará este silencio irritante,
Fuerte y ardiente.
Pero, qué saben, qué saben...
El gallo cantará tres veces
Entre brumas y silencios.
La mañana. El fuego.
Los ojos amados...
El mar lluvioso contra los ventanales.
Pensar que olvidar era perder,
Y nada se pierde y nada se olvida...
Las figuras, los brazos alados...
Nada. El mar lluvioso no se escapa.
Saltan las piernas, salta el fuego,
Hasta la nariz, los ojos, la frente, los sesos,
Hasta los alados cuerpos de los alados.
Baila el mar, baila...
¡Qué eterno mar vuelve! ¡Qué mar ha partido!
Quieta. Quieta la lluvia corre,
Ahoga y huye. El mar no es cobarde,
El mar es lluvia, fuego,
Piernas que corren, piernas de fuego.
¡Hasta ahí! ¡Más ahí!
El gallo canta tres veces, la noche duerme
Y los hombres van a la espera.
Las gigantescas puertas se abren,
Cae la cabeza...
Quien ha muerto, ha muerto, ha muerto.
Ha muerto y ya nadie vive...
El mar llueve sobre las aguas...
1982
ELEGÍA
To Shep and Panchi, together for ever
"No perdono a la muerte enamorada,
no perdono a la vida desatenta"
Miguel Hernández,
Elegía
Tu pena se hizo mía
Me ganó el corazón, las palabras y los gestos,
Tu pena se hizo mía
En esta noche inesperada
Que tiñó traidora
Lo que ayer era vida
Y lucía su joven esperanza.
¡Qué manera de llover, Dios! ¡Qué
manera!
Y no hallo refugio donde mirar,
Todas las casas son una casa
Y un vacío las une y hunde,
Y la tierra arde y no hay imagen
Que acierte con el destino,
Y la rabia vuelve, vuelve fresca
Y es dueña de esta herida
En esta tarde de domingo,
Y llueve y no quiero y aún más llueve.
¡Caigo vencido por las noches para poder dormir!
¡Qué manera de llover, Dios, qué manera,
En esta tarde de domingo!
Tus ojos
Están
Como en esa fotografía
Del pasado:
¡Qué poco sabíamos de todo!
Y la alegría, ¿dónde, dime dónde?
Vestías de celeste,
El cuello blanco enaltecía esa imagen
¡Qué ha pasado!
Un camposanto trunco es lo que busco
Donde robar lo que era mío, lo que es tuyo
Y me ha quedado, negarle a la muerte su fuerza
Y derrotarla una vez, al menos una.
La alegría, ¿dónde se ha ido, dónde?
Vestías de celeste, el cuello blanco enaltecía
esa figura. ¡Qué ha pasado! ¡Dime!
Un camposanto trunco es lo que busco,
Y la alegría, ¿dónde ha quedado,
Dime, dónde?...
Un camposanto trunco es lo que busco
Donde abrir las tumbas
Y borrar las frescas lápidas.
Muerte, escupo sobre ti,
Escupo sobre tu rostro de piedra y sangre,
Tus conquistas un día caerán al alba
Bajo el sonido de trompetas,
Caerán con la violencia de largas lanzas
Que desgarren tu umbroso reino,
Y tu blanquecina piel dejará de reír
Cuando de rodillas seas tú
Quien se hunda esta vez en la tierra abierta.
¡Qué manera de llover, Dios, qué
manera
En esta tarde de domingo,
Por sorpresa y por traición! Dios, sabes:
Ya no te creo ni te quiero,
Pero la rabia vuelve y la pena se deshace
Con las manos, y la alegría:
¿Dónde ha ido, amor, dime dónde?
¿Dónde, Dios? ¡Dilo! ¡Dónde!
¡Qué manera de llover
En esta tarde de domingo!
1990
Ver: [1] [2]
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